martes, 30 de junio de 2009

Minuto 90

           arbitro1

Soy un simple espectador en este partido. Es el papel que mejor me sale jugar.

Observo todo. Miro tus movimientos y también los de aquél y recién ahí doy mi veredicto. Soy como el árbitro y eso me gusta.

Estoy de los dos lados y de ninguno en particular. Aunque, sí, a veces sí tomo partido por uno de los equipos. Me resulta casi imposible ser objetiva.

Este partido quiero que lo ganen los dos, que sea un empate ganado(+1 a +1) por ambos equipos.

Sé que tiene solución y que ustedes también quieren ganar.

Hay otros que ya no tienen solución, que ya están empatados perdidos. Que no sirve jugar la revancha y todos ya saben que termina –1 a –1(empate perdido).

En esos casos no me gusta tanto ser el referee.

Ver pasar la pelota y que no entre en ninguno de los arcos.

Que nadie grite ¡GOOOOOL!. Ese juego no es divertido.

Y la agonía del tiempo suplementario y de los penales no es excitante, porque el juego esta perdido

lunes, 29 de junio de 2009

Tontos

Tantas idas y vueltas, están los dos ofendidos y ninguno quiere dar el brazo a torcer…El orgullo puede ser tan fuerte como para provocar que ellos no tengan algo lindo.

Ella estuvo mal. Él estuvo mal.

Ella me tiene que pedir perdón. Él me tiene que pedir perdón.

Ninguno puede reconocer que ambos se equivocaron en algo.

¿Van a dejar pasar un nueva oportunidad por no sentarse a charlar de lo que les pasa?

Tanto cuesta decir: che ¿nos juntamos a hablar?. ¿Que perdemos?. ¿Qué ganamos?.

Están en guerra, cuando podrían estar haciendo el amor.

viernes, 12 de junio de 2009

Super-héroe

            

                   LoisSuperman

Sofia estaba entre los brazos de Martín.

Era lo que más le gustaba. Sus abrazos cálidos, llenos de ternura.

Sentirse una nena chiquita que se acurruca entre los fornidos brazos de su super-heroe favorito.

Hacía mucho que no se econtraban, siempre por una cosa o la otra. Ambos tienen vidas independientes. Pero a la vez estan siempre pendientes el uno del otro.

Sofía sabía que con Martín no podía pasarla mal. Siempre planes nuevo, divertidos y distintos al anterior.

Aceptó ansiosa la invitación para esa noche.

Fueron a un centro de exposiciones. Al verse se besaron apasionadamente. Se habían extrañado.

Recorrian el lugar, comentando lo que les gustaba. Se detuvieron en la terraza para escuchar una banda que sonaba en vivo.

Después de un rato el frío no se sentía, la vista era lo más hermoso, además de la compañía de Martín.

Sus besos sabían más ricos que cinco minutos atrás. Sus labios suaves, acariciaban los de Sofía.

De repente la música sólo sonaba para ellos, a pesar de la multitud que los rodeaba, estaban solos en esa terraza, pasando una muy buena noche.

Se fueron cuando la última de las bandas dejó de tocar.

De pronto hacía frío.

Caminaron unas cuadras, subieron al coche. Luego de unas vueltas llegaron a la casa de ella.

Tomaron algo caliente para poner el cuerpo a temperatura agradable.

La noche estaba acabando para lo amantes, que dormían enredados entre la sábana y el edredón.

domingo, 7 de junio de 2009

La última vez…

 

Cuando me lo dijiste me quedé muda, sin saber qué decir. Como ya todos sabemos no vivimos sólo una vida, es un tema complicado, que no todos lo entienden igual que nosotros.

”Esta es mi última vida”.

Pero ahí estabamos vos y yo, hablando de ésto, uno de nuestros temas favoritos, la vida, la muerte y el más allá. A veces pienso que alguien creerá que estamos locos si nos escuchara hablar. Y si…un poco locos estamos.

Me seguiste hablando y yo me quedé pensando en esa frase. Por un lado me alegré porque yo sabía qué significaba eso para vos. Por otro lado me puse a pensar que nos queda poco tiempo, real, y que te quiero aprovechar. No quiero perder tiempo, no quiero que perdamos tiempo.

Apuremonos.

Vayamos despacio que te quiero disfrutar el doble.

lunes, 1 de junio de 2009

Simplemente

20071004010020-sabanasblancasLas sábanas eran blancas con olor a miel. La luz del medio dia penetraba en la gran habitación sin pedir permiso, fue esa claridad la que la despertó. Estiró su brazo buscando a Esteban, pero no encontró a  nadie.

Decidió levantarse y recorrer la casa para buscar a su amado.

Vivian desde hacía 3 años en el campo que Ana había heredado de sus padres, allí también habían celebrado la gran boda, con mas de 200 invitados.

Se conocieron en la facultad, un 5 de septiembre. Luego de compartir un cuatrimestre como compañeros Esteban la invitó a salir y le confesó  que desde el momento que la vio se enamoró perdidamente de ella, de su mirada tierna y clara. De esos ojos grises que escondian mucha ternura. De su pelo largo y negro que se enredaba con facilidad cuando soplaba el viento primaveral.

Compartieron muchos momentos juntos, pero uno los marcó.

Ana perdió a toda su familia en un accidente automovilistico, fue muy duro para ella y sin el apoyo de Esteban no hubiese podido sobrellevar terrible acontecimiento.

Los días y los meses pasaron, ellos seguían juntos y más unidos que nunca.

Una mañana de invierno Esteban se levantó temprano y preparó el desayuno para los dos. La casa era enorme ellos estaban solos.

Mientras desayunaban en la cama contemplaban las hojas amarillas que decoraban el pasto del jardín y cubrian la pileta. Una vez que acabaron Esteban le recordó cuanto la amaba y le propuso matrimonio. Ana rompió en llanto y lo abrazó muy fuerte.

-Te amo Esteban me cambiaste la vida.

Le dijo ella llorando de felicidad.

Esa mañana era una más. Ana buscó a su marido por toda la casa. Le resultó tan raro no encontrarlo, no había dejado dicho nada a las mucamas y nadie lo había visto salir.

Al ver que no tenía noticias de Esteban, Ana decidió denunciar la desaparición a la Policía, pero los meses pasaron y no había novedades del hombre.

Dos meses después de la extraña y repentina ausencia, una carta llegó a la vieja casona. Era de él.

Ana ya no veía a sus amigas, no iba al cine ni al teatro. Su vida se había desmoronado y sentía que el mundo se le venía abajo. Le resultaba tan difícil encontrar el interés por las cosas, que ya casi ni salía de su habitación.

Ella pronto enfermó gravemente, sus amigas sabían que la causa de sus problemas eran por el abandono de Esteban. Lo buscaron por todas las ciudades cercanas, llamaron a sus familiares, pero nadie sabía nada de él.

Cuando Ana murió tenía 30 años. La casa se vendió como ella lo planificó en el testamento.

Unos meses después los nuevos dueños se pusieron en contacto con María, una de las empleadas, porque habían encontrado una carta.

-Simplemente ya no te amo. Esteban.